 |
|
 |




Luis Moro
|
 |
 |
1/9/2001 - Comercio
EPE: EL GRAN FRACASO DE REUTEMANN, LOS COSTOS DE LA OBSESION.

Cuando Carlos Alberto Reutemann empezó a tramar durante su primera gobernación la venta de la EPE, una operación política que encierra una de las mayores transferencias económicas hacia el sector privado en la historia de la gestión pública santafesina, no imaginó que en su horizonte se proyectaría una crisis tan compleja, que dominara tan crudamente el centro del escenario económico, social y político argentino.
La nueva coyuntura del mercado eléctrico local, que podría llevar a la Argentina a una crisis energética similar a la californiana (1) en el mediano plazo, según Fernando Ponasso, Presidente de EDENOR (2); y las tendencias a las subas en las renegociaciones de las distribuidoras privadas locales, que reclaman aumentos en la tarifa residencial que llegan al 50%, como en Entre Ríos, demuestran la inviabilidad de las promesas del “Lole” en cuanto a los descuentos tarifarios que produciría la privatización. ¿Cómo cumplir con la rebaja del 30% entonces?
Un proyecto político atemporal, una apuesta privatista que no leyó debidamente la realidad. O tal vez la ignoró, la menospreció. Una operación política temeraria, casi “tirada de los pelos”. ¿Creyó a ciegas en la receta fundamentalista de Caro? ¿Por qué ese empecinamiento obcecado en venderla, cuando la coyuntura eléctrica y la recesión, que ya lleva 3 años, desplomaron el precio de la EPE? ¿O es que el precio no importa en esta operación política?
Reutemann ya cedió el agua en su anterior mandato, y la provincia no recibió un peso.¿Pasará lo mismo en la EPE?¿Cuál es la ganancia entonces para la provincia? ¿O es que sólo ganará la “familia reutemanista”? ¿Cuáles son los verdaderos intereses en juego, y quienes los actores beneficiados?
Todo indica que los “errores” de la ley y los pliegos (3), no son el obstáculo que detiene la privatización.
La “ratio” política de las privatizaciones de Argentina indica claramente que si las condiciones del mercado hubieran acompañado al gobernador en este momento, no hubieran tenido ninguna importancia esas aberraciones jurídicas: la EPE ya se hubiera vendido. ¿ Pesa sobre la decisión de Reutemann la opinión del sector minúsculo de clase media que hace este tipo de observaciones? ¿Lo puede realmente perjudicar al “Lole”, en su proyección electoral, en sus verdaderos intereses? Lo que verdaderamente detiene la privatización de Reutemann es no defraudar a su electorado, a la gran masa de votos peronistas. Los votos que lo deben acompañar en el futuro. Por eso se preocupa por los 418.000 clientes de la EPE que consumen menos de 140 kw/h, que según las versiones preliminares del pliego de licitación recibirían sólo un 6% de descuento, tomando como parámetro la tarifa de 1.999 (4) Esto explica el decreto 1.662 del último jueves 6 de julio, que impone una rebaja del 30%, aunque sea totalmente incompatible con el cálculo metodológico tarifario existente en los pliegos actuales. Una mera operación mediática, que carece de sustento técnico en la realidad.
¿Cuál sería la herramienta que permitiría destrabar la operación? Lo que debe compatibilizarce en la mesa de negociación son los intereses del poder político, y las futuras ganancias de la empresa privada, subordinadas al cuadro tarifario. ¿O a su renegociación? ¿La verdadera seducción hacia los compradores será una futura renegociación de las tarifas, posterior a la conclusión de su mandato? (que de ese modo, no lo perjudicaría electoralmente) A la luz de los hechos, y de los tiempos políticos, pareciera ser una de las cartas que está negociando el gobernador con los holdings privados que se queden con la EPE.
La gestión reutemanista ha otorgado a los privados con el marco legal existente, numerosas ventajas económicas, y pese a ello no ha conseguido su objetivo de transferir la empresa:
La eliminación en los pliegos de la tarifa estacional para los productores tamberos, cerealeros y arroceros, que sube los costos a futuro de esos sectores ya golpeados por la recesión
La inclusión en la fórmula polinómica de cálculo tarifario de ítems como la “ tasa reconocida de deudores incobrables”, (5) que establece -no se sabe en base a que parámetros- que un 3,2% de los clientes de ESFESA se computen en ese término, eliminando de este modo un factor que forma parte del riesgo empresarial (mínimo, porque en este tipo de servicios quien no paga sufre el corte del suministro)
La posibilidad de recalcular cada doce meses el cuadro inicial, que según la 11.727 debería hacerse recién a los 5 años de la concesión, violando dicha ley provincial de “Transformación del Sector Eléctrico Provincial”
La intención -declarada a Tercer Mundo por Caro- de indexar en dólares, violando los artículos 7 y 10 de la ley de convertibilidad, que prohíben expresamente esa posibilidad
La continuidad de un plan de obras en el que se gastaron 180 millones de dólares en los últimos 6 años (6), con la clara intención de entregar una empresa que no necesite casi inversiones en infraestructura, son las muestras más acabadas del fracaso de Reutemann en su proyecto privatista. Pese a “bajarse los pantalones” frente a los empresarios, ofreciéndole beneficios escandalosos, la privatización de la EPE se ha estancado. Allí radica el fracaso de Reutemann. La gran derrota del gobernador, va mucho más allá de esa “coyuntura”, que con una singular miopía política, el “Lole” desechó. También encierra la inoperancia y la escasa proyección estratégica de los técnicos a quienes Reutemann confió hace 5 años la conducción del proceso, el Ing. Antonio Caro y su equipo, que con sus típicos arranques soberbios, a lo Cavallo y a lo caballo -la decisión de prometer una rebaja por ley del 30% es el ejemplo más claro en este sentido- han empujado a la privatización a un punto muerto en estos días.
|

|
 |
|
 |